Hoy, con el polvo adquirido en mi manga por una baranda casi olvidada, recuerdo las letras leídas un jueves de los que me gustan y me envuelven, letras regaladas por un viejo amigo, mentor de soledades y guía de conspiraciones en uno mismo.
No pude no sentirme INDIVIDUAL, aunque puede que peque un poco por mentira propia, ya que puede que sea solo un tipo sintiéndose especial por el hecho de pensarlo.
Las opiniones no me brotan, sé que él, el Grindio, las rechazará y no las tomará, por su simplicidad. Sólo basta decir que mi blog no se abastece para sus escritos.
Acá viene, lo citaré a la exactitud, no tengo el rango para poder alterar su escrito:
"Cada gota
marcaba la resistencia del aire contra su rostro, la mirada fija en el
horizonte nublado era tosca, no le permitía reflexionar sobre cuestiones
metafísicas, él no podía escapar de la húmeda experiencia de aquella tarde,
nada más que un concepto puro de imposibilidad lo elevaba a proporción directa
con la cual el sol descendía por debajo de las nubes. Por la avenida…
Los cafés y los
autos eran escasos, los arboles borrosos y, los pájaros tranquilos cantaban
descoordinados forzando en la mente del sujeto el reconocimiento de su
individuación del total: aquella tarde. Solo 5 minutos más para que la penumbra
llegase como la mirada en el camino fijado por ese avión a chorro de tu
infancia que va desde el ocaso amarillento a un cuarto de luna, allá en el
centro del cielo, contrario la perspectiva del por poco individuo.
Revirtiéndola,
girándola, extendiéndola, anocheciendo para no sufrir más de aquella extensa trayectoria.
Tan solo 5 minutos los cuales equivalen a 300, más o menos, pasos lentos que
desgarran la tarde en cada huella."
