Soledad que se acrecienta con la
noche, la forma en que uno se siente más solo es cuando está a oscuras, ¿Qué
mejor manera de sentirse así si no se ve nada más allá de los pensamientos?.
Hoy el balcón me acompañó con un
par de cigarrillos, hoy el mundo no está dispuesto a entenderme, los libros me
hacen vela en esta noche helada, el frío se siente hasta en los pensamientos. Solo basta con decir que me
siento sólo, otra vez.
Soledad extraña, diría yo,
soledad distinta a la definición de un diccionario de buró, soledad que se
siente extraña cuando una está rodeado de tanta gente, hoy existo y no sé el
porqué.
Mi soledad va más allá de que haya gente a mi
alrededor o no, en teoría, uno siempre termina cruzando palabras con algún tipo
de la calle, ya sea que te pregunte la hora o algún tipo en la tienda en que
compras el pan, es una soledad de pensamiento, una soledad forzada la cual la
establecí yo mismo.
Es como si mi cabeza creara una barrera, un
sistema de defensa en mi interior que impide el ingreso a que agentes externos
conozcan en mí, sentimientos o empiece a clasificar lo que soy en pequeñas
características individuales y colocarme adjetivos que, sin ninguna duda, me
disgustarían y terminaría por descartarlos, no creo que un número limitado de
características puedan describir a una persona, ni si quiera un sector de la
misma; me quedo con: persona “buena” y persona “mala”, con esa taxonomía basta
y sobra para mí. Me niego a pensar o creer que alguien pueda (y quiera) definir
lo que soy y, peor aún, agradarles por lo mismo.
Imagino a las personas como intrusos, tipos o tipas, que no se
contentan consigo mismo para saber lo que es existir, personas que quieren
existir en otra y así comparar sus ideas con las mías y crear una pequeña
confrontación queriendo sentirse especiales por poseer, o no, una cualidad variable
en ambos. No les basta con la satisfacción personal de saber lo que uno tiene
dentro. Quieren conocer la vulnerabilidad de uno y usarlo cuando les falte
autoestima y saber que ellos son mejores porque no la tienen. Malditos
intrusos.
Esto no quiere decir que me provoquen miedo o
algún tipo de odio, solo no permito que tomen control en mí, me quedo libre a
ellos, tal vez a veces haciéndoles creer lo contrario, por simple conveniencia
o para evitar discusiones banales, siempre quieren que haya un ganador y un
perdedor.
Pero a raras veces alguno se convierte en mí en
un intruso con paso consentido, pero éstos los puedo contar con una mano,
Intrusos que dejaron de serlo por tanta insistencia; pero aun así, siempre
guardo algo para mí así me tachen de egoísta.
A veces pienso que podría pasar conmigo en una
soledad “verdadera”, soledad total, hasta qué punto podría soportar mi mente el
no intercambiar palabra con alguien más allá de mí, o, quien sabe, sería capaz
de sobrevivir a tal arrebato, podría yo vencer a la evolución y no cursar un
lazo con algún ente de mi misma especie. Tal vez así podría conocer lo que realmente
soy en realidad, y saber si esto no es un sueño. Sueño que siempre me despierta
la luz del farol.
Se me hace difícil describir la
luz que produce el farol tan conocido por mí más que el mismo que lo fabricó,
¿Acaso el creador de tan magnífico aparato pensó, en el momento de darle vida,
la sensación que podría crear en una persona como yo?
Los vidrios del balcón están opacados por el
polvo diario de la calle, causando una perspectiva extraña del mundo cuando uno
mira por ellas, como una neblina eterna sólo en mi calle. El balcón se cierra,
ahora el frío pudo más.
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| Vista. |